Seguro que te ha pasado alguna vez. Estás pasando por un momento complicado, las cosas no salen como esperabas, y alguien llega con la mejor de las intenciones a decirte: ¡Venga, anímate! Piensa en positivo y todo saldrá bien. O peor aún, intentas repetirte frases motivacionales frente al espejo para convencerte de que eres invencible.
Existe una creencia muy arraigada en los campos de entrenamiento: la idea de que si un niño o niña quiere ser un fuera de serie en un deporte, debe elegirlo muy pronto, entrenar en exclusiva y competir al máximo desde los 8 años. Queremos fabricar campeones antes de tiempo.
Sin embargo, cuando acudimos a la ciencia, la respuesta de la medicina, la psicología y la neurociencia es tajante: la especialización temprana es el camino más rápido hacia la lesión, el agotamiento y el abandono.
En este post hablamos de cómo el yoga y el trabajo de respiración no son solo para relajarse, sino una herramienta científica real para optimizar tu rendimiento, acelerar tu recuperación y mantener el cuerpo libre de lesiones.
Cuando la cultura deportiva nos machaca con que "rendirse no es una opción", tomar la decisión de bajarse de la bicicleta o retirarse de una carrera se siente como el peor de los pecados. Aparece la culpa, la vergüenza y esa voz interna que te machaca diciendo: No sirves para esto.
Pero en este post vamos a cambiar el chip con datos, no con psicología barata.
En este post hablamos de un tema fundamental que a menudo se pasa por alto en las grupetas y en las charlas de entrenamiento, pero que afecta directamente a nuestra comodidad, salud y rendimiento sobre la bicicleta: el suelo pélvico.
Queremos que rindan al máximo, que tengan energía y que estén sanos. Por eso, con la mejor de las intenciones, muchas veces los adultos empezamos a poner normas rígidas en la mesa: “Eso es malo para entrenar”, “eso está prohibido”, “si comes eso, no rendirás igual"