¿Eres mujer y ciclista? Cuida tu suelo pélvico

¡Hola a todas! Hoy queremos hablar de un tema fundamental que a menudo se pasa por alto en las grupetas y en las charlas de entrenamiento, pero que afecta directamente a nuestra comodidad, salud y rendimiento sobre la bicicleta: el suelo pélvico.

Pasar horas apoyadas sobre el sillín, soportar los impactos del terreno y mantener una postura flexionada hacia el manillar genera una gran presión en la zona perineal. Para pedalear sin molestias, el secreto no es trabajar el suelo pélvico de forma aislada, sino entenderlo como parte de un sistema integral. En fisiología, a este conjunto de músculos se le llama el complejo abdomino-lumbo-pélvico (CALP), pero para entenderlo de forma sencilla, nos gusta llamarlo nuestra "casita".

Hoy verás cómo el yoga y la respiración consciente son las herramientas perfectas para mantener los cimientos de esta "casita" fuertes y flexibles.

El secreto está en la gestión de presiones

Imagina tu tronco como una estructura donde el diafragma es el techo y el suelo pélvico es el suelo. En un cuerpo en equilibrio, ambos se mueven en perfecta sincronía: al inhalar, el techo y el suelo bajan; al exhalar, ambos suben.

¿Qué pasa cuando pedaleamos? Al ir acopladas en la bici, el tronco se flexiona y el diafragma tiende a bloquearse. Si el techo de la casita no se mueve bien, toda la presión de la respiración y del esfuerzo cae directamente hacia abajo, debilitando el periné.

¿Cómo nos ayuda el Yoga y la Respiración?

Para compensar estas presiones y proteger tu cuerpo, el yoga y el trabajo respiratorio nos aportan tres pilares clave:

1. Sincronizar el esfuerzo con la exhalación

En las actividades habituales, suelta el aire (exhala) siempre en el momento de máximo esfuerzo. En la exhalación es cuando el suelo pélvico se activa de forma natural y automática, protegiéndose de los picos de presión intraabdominal. Consejo extra: Dedica unos 5 o 10 minutos antes de rodar a masajear el diafragma para desbloquear el "techo" de tu casita.

2. Crecer sobre el sillín (Autoelongación)

Uno de los principios básicos del yoga es la autoelongación, esa sensación de "crecer" desde la coronilla. Este simple gesto activa de forma refleja los músculos de la espalda (multífidos) y, a su vez, despierta el suelo pélvico. Además, asanas como el puente de hombros (Setu Bandha Sarvangasana) fortalecen los glúteos y los aductores, que trabajan en equipo con el periné para darle un soporte firme. El yoga también mejora tu propiocepción, ayudándote a notar al instante si estás cargando demasiado peso delante o si tu pelvis está en una postura incorrecta.

3. Trabajo específico para fortalecer la musculatura pélvica

Para fortalecer toda esta zona sin generar presiones dañinas, existen herramientas específicas muy eficaces que van mucho más allá de los ejercicios convencionales:

Rutina práctica para cuidar tu "casita"

Cuidar de tu salud pélvica es una carrera de fondo. Aquí tienes tres pautas sencillas para aplicar desde hoy:

Pedalear con fuerza no está reñido con cuidarse por dentro. ¡Escucha a tu cuerpo, cuida la respiración y disfruta de cada kilómetro!



Carolina Pérez

Directora de Ciclismo, Profesora de Yoga, Entrenadora y Coach.