¿Por qué el pensamiento positivo no funciona (y el optimismo de Seligman sí)?


Seguro que te ha pasado alguna vez. Estás pasando por un momento complicado, las cosas no salen como esperabas, y alguien llega con la mejor de las intenciones a decirte: ¡Venga, anímate! Piensa en positivo y todo saldrá bien. O peor aún, intentas repetirte frases motivacionales frente al espejo para convencerte de que eres invencible.

¿El resultado? Una sensación extraña en el estómago. Tu cerebro no se lo traga. Y no se lo traga por una razón muy simple: sabe que te estás mintiendo.

Existe una línea muy delgada, pero crucial, que separa el pensamiento positivo de taza de café del optimismo aprendido. Hoy vamos a bajar a la tierra los descubrimientos de Martin Seligman, el padre de la psicología positiva, para entender por qué forzarte a sonreír no sirve de nada, mientras que entrenar tu mente como si fueras un detective puede cambiarte la vida.

El peligro del "Mundo de Color de Rosa"

El pensamiento positivo tradicional suele ser voluntarista. Se basa en el deseo: afirmar que todo va a salir perfecto simplemente porque lo queremos o porque lo visualizamos. El problema es que este enfoque a menudo ignora el riesgo, roza el autoengaño e intenta tapar la realidad incluso cuando hay pruebas evidentes de que las cosas van mal.

Si un proyecto se cae, si tienes una lesión o si sufres un bache importante, decirte soy el mejor y todo es maravilloso genera frustración. ¿Por qué? Porque estás intentando tapar una herida real con un trozo de papel pintado.

El optimismo que propone la ciencia es algo completamente diferente. No es un ejercicio de fe; es un ejercicio de rigor.

El Optimista de Seligman: Un detective de la realidad

Martin Seligman demostró en sus laboratorios que el optimismo no es un superpoder con el que nacemos, sino una habilidad cognitiva que se puede aprender. Y no se activa cuando todo va rodado, sino precisamente cuando fracasamos.

La diferencia fundamental es que el optimista real no usa mantras vacíos; usa evidencias. Cuando las cosas se tuercen y la mente (que es experta en ponerse en lo peor) empieza a gritarte: «¡Eres un desastre, todo te sale mal y nunca lo vas a conseguir!», el optimista no sonríe y mira para otro lado. El optimista se para, saca la lupa de detective y rebate ese pensamiento destructivo con datos objetivos:

Herramientas prácticas: Cómo entrenar el "Pensamiento No Negativo"

Si quieres empezar a aplicar el optimismo aprendido en tu día a día de manera natural, te propongo tres pasos muy sencillos:

En resumen: no necesitas gafas de color rosa para comerte el mundo. Necesitas una mirada limpia, justa y basada en los hechos. Menos tazas motivacionales y más detectives de nuestra propia mente.


Carolina Pérez

Psicopedagoga, Directora de Ciclismo y Coach Deportivo.